domingo, 30 de septiembre de 2012

Capítulo 01


I

            Robin visitaba todos los días al chico de cabello negro que se encontraba estable en una habitación del hospital, las heridas comenzaban a cicatrizar, pero por alguna razón que los médicos no se explicaban, Cristian se encontraba en un estado de coma indefinido.
            La chica más allá de visitarlo y atenderlo en lo que se necesitara, no lo hacía porque se sentía en deuda con el chico, sino que iba gustosa de pasar el tiempo con la persona que le gustaba, aunque éste no lo supiera
            De este modo transcurrieron dos largos meses, Robin había estado en curaciones, su herida ya no le molestaba para caminar así que comenzó a asistir a clases de rehabilitación ya que en el tiempo anterior se debió ayudar de un bastón ortopédico. Cristian por su parte no había tenido mayor evolución de la normal.
            - ¿aló? ¿Robin?, habla la mamá de Cristian – su voz sonaba alegre – estoy en el hospital, ¡despertó! – Robin quedó atónita con lo que escuchaba.
            Una vez lograda volver en sí, tomó sus llaves y su celular y corrió al hospital, la felicidad que sentía la emocionaba más de lo que podía resistir, mientras más se acercaba a la habitación de su chico, sus piernas perdían fuerza y el esfuerzo que debía emplear era mayor
            - ¡Cristian! – dijo exaltada apenas abrió la puerta de la habitación, el rostro del chico estaba pálido y sus ojos apenas se mantenían abiertos
            - Hola Robin – su voz fue fría y nada efusiva, la expresión de su rostro no cambio, al contrario de Robin que por poco se cae ante la poco afectiva bienvenida de Cristian, habían pasado más de dos meses que esperaba que despertara y volver a escuchar su voz, y éste la trataba así, sentía como su corazón se acongojaba pero tomando conciencia de la situación contuvo las lágrimas, tomo fuerza, se acercó, lo abrazó con una sonrisa y se sentó al lado de Angélica para charlar.
            Extrañamente la actitud de Cristian no cambio con el paso de los días, Robin se sentía preocupada, no le dio importancia a la frialdad del saludo pensando que actuó de aquel modo porque había despertado hacía unos poco minutos, pero ya llevaba una semana visitándolo todos los días y su actitud no cambiaba, temía que Cristian continuase así y no la tratara cálidamente como lo había hecho en los días anteriores al accidente, extrañaba la alegría de su voz y su sonrisa, temía que el cariño que le había demostrado no continuase, temía que todo hubiese sido un hermoso sueño y que el accidente se había encargado de despertarla a ella y a él.
            - ¡Buenos días Ro! – dijo alegremente Cristian
            - Buenos días Cristian – contesto maquinalmente al extraño saludo que le confería el chico de tez blanca.
            - ¿Por qué tan fría mi niña? – preguntó haciendo un puchero, el rostro de la chica se endureció, sentía que era parte de una broma de mal gusto
            - ¿Paso algo que estas tan feliz? – contestó cautelosa
            - pero claro, acabas de llegar, simplemente eso es motivo de alegría, o ¿no? – sólo aquella frase fue necesaria para romper la prudencia de la chica, su corazón palpitó feliz ante aquellas palabras, su chico volvía a ser el mismo, lo único que perturbaba su emoción era la incógnita de la causa de su cambio, presa de la felicidad decidió no preocuparse y sencillamente dejarse llevar por la situación.
            Cristian se encontraba cansado, había estado tanto tiempo en la misma posición que moverse un poco le era un suplicio, sus heridas costaron en cicatrizar, recién al cabo de dos meses y medio mostraban signos de recuperación, pero para Cristian que sus heridas no cicatrizaran no era el problema, fue un shock enterarse por experiencia que sus piernas no respondían como él quería.

viernes, 28 de septiembre de 2012

Capítulo 00

Prólogo

            Era la segunda vez que se juntaban a caminar, la felicidad de Robin llamaba la atención, era una chica de estatura media, cabello castaño claro y largo, poseía una tez media entre blanca y morena, sus ojos café claro miraban directamente a los ojos negros de Cristian mientras éste le hablaba de una anécdota que le sucedió cuando era pequeño, a Robin no le importaba de lo que hablaran, el sólo hecho de escucharlo y estar con él la hacía feliz, mucho más de lo que Cristian pensaba.
            Era un día de calor y tenían un tiempo limitado para pasear juntos.
            Se habían conocido una semana atrás en un club, pero nadie podía imaginar que aquel encuentro sería el desencadenante de una gran y rápida amistad, que los llevaría a pensar el uno en el otro, creando lazos que sólo un enamorado empedernido lograría ver.
            Robin era menor de edad, su diferencia con Cristian pasaba de los cuatro años, por lo que su madre sólo la dejó juntarse con él por un limitado tiempo de una hora y con la condición de que aquello no pasara más allá de la amistad; Robin acepto, pero claramente ella sabía que su corazón no le pedía amistad sino algo más profundo y que su madre le prohibía.
            Llevaban caminando media hora por la avenida, refugiándose en la sombra de los árboles, cuando llegaron a un extremo de una cuadra con sombra, la calle y los primeros diez metros de la siguiente cuadra no poseían nada de que refugiarse del sol, ambos se miraron y decidieron sentarse, claramente ninguno de los dos quería atravesar al otro lado.
            Estaban hablando cuando una de las felicidades más puras fue interrumpida, un ruido como el de un auto que frena bruscamente hizo que Robin se girara para ver qué sucedía, sólo se necesito un vistazo para darse cuenta de que un furgón chocaba con un camión cargado de gas, la chica de cabello largo se quedó paralizada, fueron pocos segundos, pero sabía lo que sucedería, aquella explosión los mataría, estaban demasiado cerca, mas ella que él, la vida no quería darles la oportunidad de tener algo, ni siquiera había dado su primer beso y nunca lo daría.
            Cristian al darse cuenta de lo que sucedía e impulsado por la adrenalina se lanzo sobre Robin y la cubrió con su cuerpo, quedando entre los autos y la chica que le gustaba. La explosión fue hermosa y abrazadora, la onda expansiva cubrió un radio de veinte metros, los árboles quedaron quemados y las casas más cercanas poseían un peligro inminente de prenderse en cualquier momento.
            Segundos después de lo acontecido, Robin, volvió en sí, recién se había dado que el chico que le gustaba la estaba protegiendo y se hallaba con toda su parte posterior quemada e incluso la camisa que tanto le había gustado y elogiado cuando se saludaron se estaba quemando, hizo un movimiento rápido y apago el fuego de la camisa con la mano, no le importaba dañarse, solo deseaba salvar a la persona que tenía en sus brazos.
            - ¡Cristian!, ¡Cristian!, responde por favor – lloraba la chica, pero él se encontraba inconsciente.
            Robin tomó rápidamente su celular y llamo a una ambulancia, en la espera de que llegara, llamo a carabineros y bomberos, dos casa cercanas se estaban incendiando, a esa hora lo más seguro que sus inquilinos se encontraban en sus trabajos, no se encontraban muchas personas alrededor pero la explosión fue llamativa por lo que al cabo de unos minutos, una tras otra llegaban, llamaban, intentaban ayudar como podían, otros presas del miedo simplemente se iban.
            La ambulancia llegó al cabo de cinco largos minutos que a Robin le parecieron horas, lloraba desconsoladamente, impotente de no poder hacer nada mas por Cristian, los paramédicos lo tomaron rápidamente y lo subieron a la ambulancia, Robin también subió, no lo dejaría solo.
            En el trayecto hasta el hospital, un médico, que había acudido en conjunto con los paramédicos, lo atendía, tomó su celular e hizo una llamada al hospital, en cuanto llegaron lo ingresaron y trasladaron en camilla hasta la sala de cirugía, Robin se encontraba aterrada, simplemente no sabía qué hacer, una enfermera percatándose de Robin se acerco alarmada
            - señorita, ¿Qué hace aquí sin que la revisen?, ¿Qué le sucedió en su pierna?
            - ¿mi… pierna? – preguntó Robin extrañada, bajó la mirada quedando impactada, tenía una gran y sangrante herida, con todo lo que había sucedido recién se percató de aquel suceso, le comenzó a doler
            La llevaron donde un médico, éste le hizo curaciones en su pierna y las manos y la dejó hospitalizada, la herida le estaba provocando fiebre y dolor de cabeza, le  pidieron los datos personales de Cristian y los suyos para comunicarse con algún familiar, le dieron un calmante para el dolor y un somnífero para que descansara.
            Tras una cirugía de tres horas realizada a Cristian, lo dejaron en observaciones, su madre se encontraba en la habitación de Robin junto con Samanta, madre de la chica, en espera de información de su hijo, Angélica y Samanta se habían conocido años atrás en una fiesta de beneficencia, irónicamente, en ayuda de una fundación que ayuda a las personas quemadas.
            - usted sabe ¿Dónde se conocieron mi hijo y su hija?
            - se sólo lo que me ha dicho Robin, ella me dijo que sus amigas la habían llevado a un club y que ahí se habían conocido, después hablaron por internet y me pidió si se podían juntar ayer y hoy, yo accedí pero sólo por una hora – hizo una pausa – nunca imaginé que algo así podría suceder – sus ojos se pusieron llorosos
            - por lo menos usted sabía, a mí sólo me dijo que iba a dar una vuelta y se iba a encontrar con una amiga, que algo así… - no pudo decir más, su voz se quebró, siguieron conversando de otros temas para calmarse.
            Mientras hablaban el médico que había tratado a Cristian entró en la habitación
            - me dijeron que podía encontrar aquí a la madre de Cristian
            - yo soy, ¿cómo se encuentra? – dijo apresuradamente
            - lo acabamos de trasladar a observaciones, tendrá que estar ahí por lo menos 24 horas, en caso de que su estado se agravara tendría que permanecer más tiempo
            - ¡¿24 horas?! ¿Tan grave es? – pregunto Angélica alarmada.
            - tiene quemado el (no se cuanto)% de su cuerpo, se quemo en sectores posteriores de los brazos y piernas y prácticamente toda la espalda, por la posición que adoptó no se quemó la cabeza, lo más grave de las heridas se ubica en la espalda…
            - menos mal que fue solo posterior, los problemas están cuando se queman la cara, o ¿no? – interrumpió Angélica nuevamente
            - es cierto, pero de todos modos es peligroso ya que las quemaduras cubren bastante superficie y son de tercer grado, tendrá que estar hospitalizado bastante tiempo para que se le dé un buen tratamiento y antes de que me vuelva a interrumpir, debo informarla sobre algo delicado – el rostro de la madre palideció – producto de la explosión, partes de los vehículos involucrados salieron expulsados, y uno de esas partes le dio a su hijo, en la columna, sus piernas responde muy poco, lo más seguro es que no vuelva a caminar en mucho tiempo – hizo una pausa – si es que vuelve a caminar
            - de que… me está hablando… ¡¿Cómo que no volverá a caminar?! – dijo bastante alterada
            - señora, hicimos todo lo que estuvo en nuestras manos, solo cumplo con avisarle…
            - señor… no intente convencerla, se encuentra demasiado alterada como para que logre comprenderlo ahora – dijo la joven chica, que se había despertado unos minutos antes de la entrada del médico
            - y tu ¿Por qué no estás alterada?, eres su amiga o ¿no?, todo fue por defenderte, por culpa tuya ya no podrá caminar, ¡eres una hipócrita!
            - señora – dijo con voz suave, lo que le decía le rompía el corazón, pero sabía que estaba triste por su hijo y que aquellas palabras no las decía en verdad – yo estuve en el accidente y es cierto que su hijo me salvo, sino sería yo la que estaría completamente quemada y con riesgo vital porque me habría llegado el fuego a la cara, pero… - hizo una pausa, trataba de contener las lágrimas y hacía un esfuerzo sobrehumano para que su voz se escuchara – el saber que no podía hacer nada por su hijo y el solo hecho de que en mi corazón todo decía que el moriría – hizo nuevamente una pausa – saber que la única consecuencia es que no podrá caminar es una tranquilidad y alegría que usted no se imagina – ya no pudo decir nada más, las lágrimas rodaban por sus mejillas. La habitación quedó en silencio.