Prólogo
Era la segunda vez que se juntaban a caminar, la
felicidad de Robin llamaba la atención, era una chica de estatura media,
cabello castaño claro y largo, poseía una tez media entre blanca y morena, sus
ojos café claro miraban directamente a los ojos negros de Cristian mientras
éste le hablaba de una anécdota que le sucedió cuando era pequeño, a Robin no
le importaba de lo que hablaran, el sólo hecho de escucharlo y estar con él la
hacía feliz, mucho más de lo que Cristian pensaba.
Era un día de calor y tenían un tiempo limitado para
pasear juntos.
Se habían conocido una semana atrás en un club, pero
nadie podía imaginar que aquel encuentro sería el desencadenante de una gran y
rápida amistad, que los llevaría a pensar el uno en el otro, creando lazos que
sólo un enamorado empedernido lograría ver.
Robin era menor de edad, su diferencia con Cristian
pasaba de los cuatro años, por lo que su madre sólo la dejó juntarse con él por
un limitado tiempo de una hora y con la condición de que aquello no pasara más
allá de la amistad; Robin acepto, pero claramente ella sabía que su corazón no
le pedía amistad sino algo más profundo y que su madre le prohibía.
Llevaban caminando media hora por la avenida,
refugiándose en la sombra de los árboles, cuando llegaron a un extremo de una
cuadra con sombra, la calle y los primeros diez metros de la siguiente cuadra
no poseían nada de que refugiarse del sol, ambos se miraron y decidieron
sentarse, claramente ninguno de los dos quería atravesar al otro lado.
Estaban hablando cuando una de las felicidades más puras
fue interrumpida, un ruido como el de un auto que frena bruscamente hizo que
Robin se girara para ver qué sucedía, sólo se necesito un vistazo para darse
cuenta de que un furgón chocaba con un camión cargado de gas, la chica de
cabello largo se quedó paralizada, fueron pocos segundos, pero sabía lo que
sucedería, aquella explosión los mataría, estaban demasiado cerca, mas ella que
él, la vida no quería darles la oportunidad de tener algo, ni siquiera había
dado su primer beso y nunca lo daría.
Cristian al darse cuenta de lo que sucedía e impulsado
por la adrenalina se lanzo sobre Robin y la cubrió con su cuerpo, quedando
entre los autos y la chica que le gustaba. La explosión fue hermosa y
abrazadora, la onda expansiva cubrió un radio de veinte metros, los árboles
quedaron quemados y las casas más cercanas poseían un peligro inminente de
prenderse en cualquier momento.
Segundos después de lo acontecido, Robin, volvió en sí,
recién se había dado que el chico que le gustaba la estaba protegiendo y se
hallaba con toda su parte posterior quemada e incluso la camisa que tanto le
había gustado y elogiado cuando se saludaron se estaba quemando, hizo un
movimiento rápido y apago el fuego de la camisa con la mano, no le importaba
dañarse, solo deseaba salvar a la persona que tenía en sus brazos.
- ¡Cristian!, ¡Cristian!, responde por favor – lloraba la
chica, pero él se encontraba inconsciente.
Robin tomó rápidamente su celular y llamo a una
ambulancia, en la espera de que llegara, llamo a carabineros y bomberos, dos
casa cercanas se estaban incendiando, a esa hora lo más seguro que sus
inquilinos se encontraban en sus trabajos, no se encontraban muchas personas
alrededor pero la explosión fue llamativa por lo que al cabo de unos minutos,
una tras otra llegaban, llamaban, intentaban ayudar como podían, otros presas
del miedo simplemente se iban.
La ambulancia llegó al cabo de cinco largos minutos que a
Robin le parecieron horas, lloraba desconsoladamente, impotente de no poder
hacer nada mas por Cristian, los paramédicos lo tomaron rápidamente y lo
subieron a la ambulancia, Robin también subió, no lo dejaría solo.
En el trayecto hasta el hospital, un médico, que había
acudido en conjunto con los paramédicos, lo atendía, tomó su celular e hizo una
llamada al hospital, en cuanto llegaron lo ingresaron y trasladaron en camilla
hasta la sala de cirugía, Robin se encontraba aterrada, simplemente no sabía
qué hacer, una enfermera percatándose de Robin se acerco alarmada
- señorita, ¿Qué hace aquí sin que la revisen?, ¿Qué le
sucedió en su pierna?
- ¿mi… pierna? – preguntó Robin extrañada, bajó la mirada
quedando impactada, tenía una gran y sangrante herida, con todo lo que había
sucedido recién se percató de aquel suceso, le comenzó a doler
La llevaron donde un médico, éste le hizo curaciones en
su pierna y las manos y la dejó hospitalizada, la herida le estaba provocando
fiebre y dolor de cabeza, le pidieron
los datos personales de Cristian y los suyos para comunicarse con algún familiar,
le dieron un calmante para el dolor y un somnífero para que descansara.
Tras una cirugía de tres horas realizada a Cristian, lo
dejaron en observaciones, su madre se encontraba en la habitación de Robin
junto con Samanta, madre de la chica, en espera de información de su hijo, Angélica
y Samanta se habían conocido años atrás en una fiesta de beneficencia,
irónicamente, en ayuda de una fundación que ayuda a las personas quemadas.
- usted sabe ¿Dónde se conocieron mi hijo y su hija?
- se sólo lo que me ha dicho Robin, ella me dijo que sus
amigas la habían llevado a un club y que ahí se habían conocido, después
hablaron por internet y me pidió si se podían juntar ayer y hoy, yo accedí pero
sólo por una hora – hizo una pausa – nunca imaginé que algo así podría suceder
– sus ojos se pusieron llorosos
- por lo menos usted sabía, a mí sólo me dijo que iba a
dar una vuelta y se iba a encontrar con una amiga, que algo así… - no pudo
decir más, su voz se quebró, siguieron conversando de otros temas para
calmarse.
Mientras hablaban el médico que había tratado a Cristian
entró en la habitación
- me dijeron que podía encontrar aquí a la madre de
Cristian
- yo soy, ¿cómo se encuentra? – dijo apresuradamente
- lo acabamos de trasladar a observaciones, tendrá que
estar ahí por lo menos 24 horas, en caso de que su estado se agravara tendría
que permanecer más tiempo
- ¡¿24 horas?! ¿Tan grave es? – pregunto Angélica
alarmada.
- tiene quemado el (no se cuanto)% de su cuerpo, se quemo
en sectores posteriores de los brazos y piernas y prácticamente toda la
espalda, por la posición que adoptó no se quemó la cabeza, lo más grave de las
heridas se ubica en la espalda…
- menos mal que fue solo posterior, los problemas están
cuando se queman la cara, o ¿no? – interrumpió Angélica nuevamente
- es cierto, pero de todos modos es peligroso ya que las
quemaduras cubren bastante superficie y son de tercer grado, tendrá que estar
hospitalizado bastante tiempo para que se le dé un buen tratamiento y antes de
que me vuelva a interrumpir, debo informarla sobre algo delicado – el rostro de
la madre palideció – producto de la explosión, partes de los vehículos
involucrados salieron expulsados, y uno de esas partes le dio a su hijo, en la
columna, sus piernas responde muy poco, lo más seguro es que no vuelva a
caminar en mucho tiempo – hizo una pausa – si es que vuelve a caminar
- de que… me está hablando… ¡¿Cómo que no volverá a
caminar?! – dijo bastante alterada
- señora, hicimos todo lo que estuvo en nuestras manos,
solo cumplo con avisarle…
- señor… no intente convencerla, se encuentra demasiado
alterada como para que logre comprenderlo ahora – dijo la joven chica, que se
había despertado unos minutos antes de la entrada del médico
- y tu ¿Por qué no estás alterada?, eres su amiga o ¿no?,
todo fue por defenderte, por culpa tuya ya no podrá caminar, ¡eres una
hipócrita!
- señora – dijo con voz suave, lo que le decía le rompía
el corazón, pero sabía que estaba triste por su hijo y que aquellas palabras no
las decía en verdad – yo estuve en el accidente y es cierto que su hijo me
salvo, sino sería yo la que estaría completamente quemada y con riesgo vital
porque me habría llegado el fuego a la cara, pero… - hizo una pausa, trataba de
contener las lágrimas y hacía un esfuerzo sobrehumano para que su voz se
escuchara – el saber que no podía hacer nada por su hijo y el solo hecho de que
en mi corazón todo decía que el moriría – hizo nuevamente una pausa – saber que
la única consecuencia es que no podrá caminar es una tranquilidad y alegría que
usted no se imagina – ya no pudo decir nada más, las lágrimas rodaban por sus
mejillas. La habitación quedó en silencio.