I
Robin visitaba todos los días al chico de cabello negro que
se encontraba estable en una habitación del hospital, las heridas comenzaban a
cicatrizar, pero por alguna razón que los médicos no se explicaban, Cristian se
encontraba en un estado de coma indefinido.
La chica más allá de visitarlo y atenderlo en lo que se
necesitara, no lo hacía porque se sentía en deuda con el chico, sino que iba
gustosa de pasar el tiempo con la persona que le gustaba, aunque éste no lo
supiera
De este modo transcurrieron dos largos meses, Robin había
estado en curaciones, su herida ya no le molestaba para caminar así que comenzó
a asistir a clases de rehabilitación ya que en el tiempo anterior se debió
ayudar de un bastón ortopédico. Cristian por su parte no había tenido mayor
evolución de la normal.
- ¿aló? ¿Robin?, habla la mamá de Cristian – su voz sonaba
alegre – estoy en el hospital, ¡despertó! – Robin quedó atónita con lo que
escuchaba.
Una vez lograda volver en sí, tomó sus llaves y su
celular y corrió al hospital, la felicidad que sentía la emocionaba más de lo
que podía resistir, mientras más se acercaba a la habitación de su chico, sus
piernas perdían fuerza y el esfuerzo que debía emplear era mayor
- ¡Cristian! – dijo exaltada apenas abrió la puerta de la
habitación, el rostro del chico estaba pálido y sus ojos apenas se mantenían
abiertos
- Hola Robin – su voz fue fría y nada efusiva, la
expresión de su rostro no cambio, al contrario de Robin que por poco se cae
ante la poco afectiva bienvenida de Cristian, habían pasado más de dos meses
que esperaba que despertara y volver a escuchar su voz, y éste la trataba así,
sentía como su corazón se acongojaba pero tomando conciencia de la situación
contuvo las lágrimas, tomo fuerza, se acercó, lo abrazó con una sonrisa y se
sentó al lado de Angélica para charlar.
Extrañamente la actitud de Cristian no cambio con el paso
de los días, Robin se sentía preocupada, no le dio importancia a la frialdad
del saludo pensando que actuó de aquel modo porque había despertado hacía unos poco
minutos, pero ya llevaba una semana visitándolo todos los días y su actitud no cambiaba,
temía que Cristian continuase así y no la tratara cálidamente como lo había
hecho en los días anteriores al accidente, extrañaba la alegría de su voz y su
sonrisa, temía que el cariño que le había demostrado no continuase, temía que
todo hubiese sido un hermoso sueño y que el accidente se había encargado de
despertarla a ella y a él.
- ¡Buenos días Ro! – dijo alegremente Cristian
- Buenos días Cristian – contesto maquinalmente al
extraño saludo que le confería el chico de tez blanca.
- ¿Por qué tan fría mi niña? – preguntó haciendo un
puchero, el rostro de la chica se endureció, sentía que era parte de una broma
de mal gusto
- ¿Paso algo que estas tan feliz? – contestó cautelosa
- pero claro, acabas de llegar, simplemente eso es motivo
de alegría, o ¿no? – sólo aquella frase fue necesaria para romper la prudencia
de la chica, su corazón palpitó feliz ante aquellas palabras, su chico volvía a
ser el mismo, lo único que perturbaba su emoción era la incógnita de la causa
de su cambio, presa de la felicidad decidió no preocuparse y sencillamente
dejarse llevar por la situación.
Cristian se encontraba cansado, había estado tanto tiempo
en la misma posición que moverse un poco le era un suplicio, sus heridas
costaron en cicatrizar, recién al cabo de dos meses y medio mostraban signos de
recuperación, pero para Cristian que sus heridas no cicatrizaran no era el
problema, fue un shock enterarse por experiencia que sus piernas no respondían
como él quería.
No hay comentarios:
Publicar un comentario