II
Cristian recibía visitas todos los días, no solo de sus
familiares sino también de sus amigos, muchas veces Robin llevaba a sus amigas,
cada día era una fiesta, una rutina que estaba cansándolo, pero si ello era
necesario para poder verla, no le importaba sacrificarse por unas horas.
Estar con el chico que le gustaba era una felicidad no
comparable con nada, ver su sonrisa y escuchar su voz, pequeños gestos que
enamoraban día a día a la chica de cabello largo; le encantaba ayudarlo en lo
que pudiera, normalmente lo visitaba después de clases y fin de semanas, le
daba temas de conversación, le contaba que sucedía en el mundo, le pasaba lo
que necesitara, le hacía ejercicios en las piernas; lo que necesitara, Robin,
lo hacía. Para Cristian, una chica como la que tenía al frente era algo mágico,
cada vez que se iba sentía un pequeño dolor en su pecho y esperaba ansioso el
día siguiente para poder verla, se estaba volviendo una persona especial y
única para él.
La clases de Robin terminaron por lo que las visitas que
le confería a su chico amado eran de mayor duración, esto era algo que a
Samanta no le estaba agradando.
- la orden que te di hace tiempo ¿la estas cumpliendo? –
pregunto la madre a su hija tras pensar cuidadosamente sus palabras.
- ¿Cuál orden? – dijo Robin al no tener ni la menor idea de
a qué se refería, pero su corazón le avisaba con anticipación lo que se avenía
- la primera vez que me pediste permiso para salir a
caminar con Cristian, al darme los antecedentes te dije que sí, pero que solo
fuera como amigos, ¿siguen siendo solo amigos cierto? – Robin sintió una
presión en su pecho
- si, ¿Por qué preguntas? – dijo cautelosamente y en
calma, después de todo no estaba mintiendo
- lo visitas prácticamente todos los días, es extraño
- no es extraño, mamá, quiero ayudarlo en lo que más
pueda, fue mi culpa que terminara de aquel modo, además, es mi amigo, ¿no es
eso lo que hacen los amigos?
- sí, pero no con tanta devoción como tú lo estás
haciendo, si piensas que fue tu culpa está bien, pero creo que con todo lo que
has hecho ya has expiado tus culpas, aunque no sean ciertas – Robin detestaba
cuando su madre le hablaba de aquel modo, siempre la conversación terminaba en
contra de ella y sin modo de contrarrestar
- ¿a qué quieres llegar? – dijo para acabar con la
tortura
- no quiero que
tus visitan sean tan largas
- ¡mamá! Es mi amigo, ¿Qué…? - hizo una pausa, lo que le
pedía samanta era algo que la joven chica no podía creer – ¿Cuál es el
problema? ¿Qué es lo que te molesta mamá?
- ya te lo dije, Robin, no quiero que su relación pase a
más, si se siguen viendo como hasta ahora, es obvio que sus intensiones ya no
serán las de ser simplemente amigos, no te puedo impedir que lo veas, porque
como ya me dijiste, son amigos, pero sí te puedo pedir que se vean por menor
tiempo o menos veces
- ¿pedir?, mamá, me lo estas ordenando – Robin se
encontraba indignada
- no, hija… – dijo
suavemente al darse cuenta del estado que demostraba la chica
- es una orden lo mires por donde lo mires – interrumpió
con voz peligrosamente reprimida – sabes que no estoy de acuerdo, pero no te
preocupes, mis visitas duraran máximo dos horas, supongo que así estará bien –
dijo molesta y se encerró en su habitación. A pesar de lo que dijo su hija,
samanta no se sentía tranquila
Lo que le dijo su madre le había quitado toda la
felicidad que sentía, para ella Cristian era una persona demasiado especial y
su madre quería alejarlo, rápidamente el enojo paso a tristeza y las lágrimas
se apoderaron de la chica, se tiro en su cama sin darse cuenta se quedó
dormida, antes de pasar el mundo de los sueños sintió cómo una mano gentilmente
se apoyaba sobre su hombro, <<papá>> fue todo lo murmuraron sus
labios.
Habían transcurrido tres meses desde el accidente y
Cristian ya se encontraba con el alta médica, volver a su casa era algo que
ansiaba, la comodidad de su cama, la sabrosa comida de su madre, su televisión
eran cosas que añoraba y que por fin recuperaría en unos dias. Como sus piernas
no le respondían adecuadamente necesitaría una silla de ruedas, Robin, al
enterarse de aquel hecho, interrumpió una conversación que mantenían Angélica y
Camila, hermana de Cristian, en el pasillo contiguo a la habitación
- disculpen la intromisión, pero estaba escuchando su
conversación y me di cuenta que necesitan una silla de ruedas, en mi casa
tenemos una, si no les molesta puedo preguntarle a mi madre si se las puedo
facilitar y mañana les doy la respuesta.
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