III
El chico enamorado ansiaba la llegara de Robin, le había
prometido un queque hecho por ella, de esos que le encantaban y que había
disfrutado tantas veces mientras estuvo hospitalizado, ésta se lo llevaba a
modo de disculpa por no haberlo visitado en toda la semana, aunque deseaba el
queque, no era aquella la razón de su inquietud, en todo el tiempo que la conocía,
no había pasado tanto tiempo separado de su chica que el hecho de no verla en
una semana le era un suplicio.
- Muy buenos días Cris – saludo sonriente la chica
vestida de shorts, lo abrazó y se sentó – aquí traigo lo prometido – dijo
mientras abría una bolsa, tarareaba una canción que había escuchado en la calle
y que le traía recuerdos – ¿quieres jugo o algo?
- en el refrigerador debe haber jugo, si quieres saca
para ti también
- vuelvo altiro – mientras se iba, Cristian la observaba
y sólo cuando se aseguro que ya no estaba en la habitación dejo de reprimir una
sonrisa que a su gusto le pareció tonta. Robin sirvió tres vasos de jugo y saco
unos platos para no ensuciar con migas, dejó unos trozos de queque encima de la
mesa y un vaso para Camila que estaba usando concentradamente el computador y
regreso a la habitación donde lo esperaba su chico.
- ¿Por qué me miras tanto? – dijo Robin tras unos minutos
de darse cuenta que el chico de ojos oscuros la observaba con una pequeña
sonrisilla en los labios
- es que te ves tentadora – dijo casi en un susurro, el
corazón de la chica casi se le salió del pecho al escuchar aquellas palabras,
se ruborizó notablemente y manteniendo la poca compostura que le quedaba,
pregunto:
- ¿tentadora, a qué te refieres con tentadora? – su voz
temblaba, recién con esa pregunta la sonrisa de Cristian abandonó su rostro
para volver a ser el mismo de siempre.
- ¿tentadora cómo? – pregunto perplejo
- no po, tu dijiste que me veía tentadora, a ¿Qué te refieres con eso? – sus manos temblaban, no podía creer que además de decirle
aquellas provocadoras palabras se las hiciera repetir
- ¿Qué yo dije qué?, ¿Cuándo hice eso? – dijo con rostro
escandalizado
- recién, no dejabas de mirar, me pareció raro asique te
pregunte y tú me respondiste eso – respondió Robin con una sonrisa, ya no se
sentía nerviosa, todo esto le parecía un chiste de buen gusto típico de
Cristian.
- ¿en serio? Lo siento, no fue mi intención – dijo
apresuradamente -, no me di cuenta, si te hice sentir incómoda no fue mi
intensión, en serio…
- oye cris, y ¿este queque? – interrumpió Camila al
entrar en la habitación con el plato con queques en la mano, rápidamente se dio
cuenta de la presencia de otra persona en la habitación -, ¡oh! ¡hola Robin!
Ahora todo toma sentido, hace tiempo que no venias ¿Qué había pasado?
- como estoy de vacaciones, fui al campo a visitar a mis
abuelos por una semana - dijo maquinalmente
- mmm… - miró a su alrededor, con solo verlos juntos se
percató – bueno, parece que molesto asique me voy, los dejo solitos para que sigan
en lo que estaban, par de tórtolos – una vez que abandonó la habitación, Robin
y Cristian se miraron y compartiendo una
mirada cómplice rompieron en carcajadas, continuaron hablando sin volver al tema,
el chico de cabello oscuro agradeció con toda su alma la interrupción de su
hermana, aunque no volvieron a referirse al hecho él sabía con certeza que
significaba algo grande, ni siquiera se dio cuenta cuando lo dijo, ya estaba
pasando a mayores y debía hacer algo al respecto, en su mente sentía que todo
esto no podía estar pasando de esa forma, por alguna razón no debía ser así,
que él no era así.
- y ¿cómo la pasaste en el campo? Supe que estuviste visitando a tus abuelos
- tranquilo, de vez en cuando es bueno hacer un tipo de
viaje así, la ciudad es agobiante en algunos momentos, igual que esa sensación
de ir a la playa y sentir el sonido de las olas.
- ciertamente es hermosa esa sensación, siempre en esta
fecha hacemos el viaje familiar, pero con todo esto dudo que podremos tener uno
en bastante tiempo, mínimo hasta que sus heridas sanen – dijo Angélica con
mirada de soslayo hacia la habitación de su hijo que se encontraba durmiendo,
había pasado toda la noche en vela por culpa de múltiples pensamientos que no
lo dejaban tranquilo, solo cuando llegó su chica sintió paz y logró dormir, la
chica de ojos café no quiso molestarlo asique decidió ayudar a Angélica que se
encontraba colgando ropa en el patio trasero. Robin la miró con nostalgia, aún
en sus vagos recuerdos están aquello hermosos viajes a la playa con sus padres,
nadar, comer a la intemperie y compartir con su padre eran cosas que extrañaba
en demasía.
- la comprendo, aunque era pequeña aún recuerdo los
viajes familiares, son cosas que se deben hacer, crean lazos o reafirman los ya
existentes – suspiró, una idea fugaz cruzó por su joven mente, tras meditarlo
unos segundos dijo: pero igual pueden irse de vacaciones este año – dijo
sonriendo, la idea la emocionaba mas de lo que podía disimularlo
- a ¿Qué te refieres, no podemos, quién lo cuidaría? Hay
que hacerle curaciones todos los días, ejercicios, la comida y todo lo que
tiene que ver con el aseo y la casa, no puedo ni imaginarlo – se mostraba
perturbada antes las palabras de la chica
- si ese es el problema yo puedo hacerlo – dijo sin
titubear, se mostraba tan segura que Angélica dudó de lo que diría
- pero ¿cómo se te ocurre algo así? ¿Le estás tomando el
peso a tus palabras?, no puedes ofrecerte para algo de este nivel, no sabes a
lo que te enfrentarías, no es tan simple como dices, no es ayudar en la casa,
es ocuparte al cien por ciento de ella y además cuidar de un enfermo, no tienes
la edad suficiente para algo así
- eso es lo que usted piensa, pero si lo analiza un poco es
eso lo que he estado haciendo toda la semana acá, pero a nivel mas micro,
además en mi casa yo me ocupo del quehacer en un cincuenta por ciento sólo
porque voy al colegio, sino sería más ahora que estoy de vacaciones lo estoy
demostrando, además cuando mi madre se enferma soy yo la que hace absolutamente
todo; si sé lo que estoy diciendo y lo digo en serio, podría pensarlo aunque
sea, han estado en esta situación poco más de cuatro meses y pienso que ya es
hora de tomarse un descanso, cuando mi padre se enfermó recuerdo el cansancio
de mi madre y no es algo que le desearía ni a mi peor enemigo
- puede que tengas razón, ¿alguna vez has pensado en
estudiar enfermería? tienes alma de enfermera y de esposa y muchas cosas más –
al escuchar la segunda cosa su corazón palpitó considerablemente, la chica de
cabello largo lo había pensado antes pero que otra persona se lo dijera era muy
distinto, en especial si esa persona era la madre del chico que le gustaba
- ahora que soy una lo he pensado pero prefiero ser
médico, a la única persona que me gustaría cuidar seria a mi esposo – dijo casi
con la mente en las nubes, le tomó algunos segundos asimilar el calibre de sus
palabras, se ruborizó notablemente, Angélica la miró con ternura y sonrió
- de todos modos tendría que hablarlo con mi esposo antes
de tomar cualquier decisión, pero no te ilusiones demasiado porque esto lo
dejare al destino, no insistiré si la respuesta es un no
- muy bien – dijo con una sonrisa que parecía que se le
saldría del rostro, ver aquel pequeño rayo de luz era suficiente para sentirse
tranquila.
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